sábado, 5 de mayo de 2007

El Padre Miguel, videntólogo.

Su nombre completo es Miguel Mans Mena, pero todos le conocen como el Padre Miguel. Tiene 50 años y es un sacerdote que ensalza el celibato.
Se comporta como un verdadero camaleón que adopta la imagen que desea el interlocutor, pero en realidad es un cobarde que teme constantemente por su vida y lamenta la superchería que predica. Paga las mensualidades del geriátrico donde vive su anciana madre pero no va a verla mas que una vez al año, en navidad, procurando no coincidir con la visita que hace también por esas fechas su único hermano,
también sacerdote. Es tutor espiritual de la vidente María Luisa Clermont, y se encarga de la organización de las apariciones y de la consiguiente tesorería. Inició estudios de teología mística pero no los terminó. Dice ser videntólogo: experto en videncias y en exhorcizaciones, a sabiendas de que nadie podrá nunca corroborarlo. No desaprovecha ninguna ocasión de pedir donativos para la construcción del futuro santuario que pretende levantar en la finca donde se aparece la Virgen Negra.
En el fondo lo que quiere es conseguir notoriedad y poder. Y sabe que, para conseguirlo, necesita que las apariciones de la Virgen a Maria Luisa Clermont resulten epatantes.
Socialmente está bien considerado. Es respetado en su ambiente y se le tiene por buen tutor espiritual de la vidente María Luisa Clermont. Gusta de acudir a actos protocolarios, inauguraciones de eventos, presentaciones de libros, conciertos de música de cámara, etc. Se relaciona con los políticos locales y es invitado en ocasiones a debates televisivos sobre cualquier tema de actualidad, preferentemente sobre las apariciones de la Virgen.Sus aficiones, aunque inocuas, no son confesables. Disfruta con alguna inocente perversión, como vestirse la casulla y la tiara, en el cuarto de aseo de María Luisa Clermont, para masturbarse mordisqueando una manzana mientas imagina a Triple Eme reconvertida en la primigenia Eva.
Respecto a sus fobias es destacable la que manifiesta a todo superior jerárquico, debido a la cual, ante la presencia de algún obispo, suda exageradamente y le sobrevienen temblores en el párpado del ojo izquierdo.
Su padre Carles Mans, minero, murió en 1965. La madre, María Mena, que tiene 87 años de edad, vive recluida en un geriátrico de la ciudad condal, cerca de su otro hijo, César, un año menor que Miguel, también cura. María Mena, tras pasar cincuenta años viuda y sola, ahora padece alzheimer y no reconoce ni a Miguel ni a César cuando van a visitarla en navidad; por separado, ya que entre ellos no se hablan. César Mans Mena, sacerdote diocesano de Teruel, considera que su hermano, el Padre Miguel, es un irresponsable ávido de poder, condenado al infierno.

Siendo adolescente, las noticias de las apariciones de Fátima eran muy comentadas por los muchachos que estudiaban con él en el Seminario. En esa circunstancia, una noche vio una luz cegadora tras la ventana de la habitación y supuso que era la Virgen, así que se hincó de rodillas y durante tres horas rezó veinticuatro rosarios. Al día siguiente narró la experiencia a sus compañeros y fueron todos a su habitación a esperar que se repitiera el evento, pero allí no pasó nada. Acudieron durante varias semanas, en vano. El mismo padre Miguel esperó más de un lustro. Nunca volvió a ocurrir. Lo terrrible de aquel suceso es que, desde entonces, sus compañeros olvidaron la cuestión y jamás le echaron en cara aquel percance. Sólo sonreían.
Recientemente el obispo le nombra tutor espiritual de la vidente María Luisa Clermont, a quien aconseja sobre doctrina y, de paso, sobre finanzas. Abandona estudios de teología mística cuando cree que ya le rentan suficiente en los debates televisivos. Dice haber exorcizado a dos adolescentes de Vallecas, poseídas por Lucifer. No desaprovecha ninguna ocasión de pedir donativos para la construcción del futuro santuario que pretende levantar en la finca donde se aparece la Virgen Negra. De su amistad con el concejal de urbanismo obtuvo la información de una inminente recalificación de terreno que afectaba a dicha finca, así que se apresuró a registrarla a nombre de la sociedad “Paraíso, S.L.”, en la que María Luisa Clermont da la cara con un minoritario 2% y él tiene poderes absolutos con un 98%.
De entre los fieles devotos que acuden a las apariciones, hay una persona que le enerva: Triple Eme. El Padre Miguel está desconcertado por la ambivalencia de sentimientos que siente hacia esta mujer, cuya sola proximidad le pone en erección. Pero sabe que se trata de la amante de Dollar, lo cual le hace intocable.
Además Triple Eme es una fuente inagotable de ingresos, sobre todo desde que insiste a golpe de billetes en que la Virgen Negra debe acudir a la coronación de la Virgen Blanca. El Padre Miguel no se hace preguntas, toma el dinero y aquilata el “Paraíso,S.L.”. Sabe que el hijo de María Luisa Clermont está en la cárcel, a pesar de lo cual nunca ha propuesto visitarlo, al fin y al cabo ni siquiera él visita a su propia madre. La sorpresa le llega de modo violento, en casa de la vidente, y no fue tanto el violento empujón que recibió cuanto la certidumbre de que sus privilegios iban a desaparecer... Ahí empieza nuestra película.

CUADRO RELACIONAL DEL PADRE MIGUEL:
Don Limpio. No es relevante.
Albino. Con su presencia siente amenazado el futuro del negocio de las apariciones.
María Luisa Clermont. Abusa de la fragilidad mental de María Luisa Clermont y le sugestiona con las descripciones de otras apariciones marianas y de otros comunicados de la Virgen producidos en la historia. Ha hecho creer a María Luisa Clermont que sus palabras son de origen divino pero que el privilegio de escucharlas es solo de ella. Le ha convencido de que la Virgen le habla a su través, para luego hablar a los demás a través de ella.
Dollar. Es la mano que mueve los hilos de Ememé, el cajón de donde sale el dinero.
Morgan. Relación circunstancial.
Pompeyo. Acepta el dinero que le ofrece.
La Virgen Negra. Excusa para manipular a María Luisa Clermont y convertir en suculentos donativos la bendición de objetos de culto, como rosarios y estampitas.
La Virgen Blanca. Realiza gestiones con el obispo y la Junta de Cofrades.
Triple Eme. Ha establecido una singular relación con Triple Eme, sabedor de que la servidumbre a la amante de Dollar es una inagotable fuente de donativos. Dice que ve la mano del destino en la coincidencia de las iniciales de sus respectivos nombres:
Triple Eme se llama María Manuela Montero (MMM) y él Miguel Mans Mena (MMM). La acompaña siempre en cada acto y también está junto a ella en mitad de la plaza, tras ella, pegado a ella por el empuje del gentío, padeciendo una gran erección, sintiendo una excitación enorme, cuando se produce la explosión.

* Ilustración: Detalle lateral del tríptico "El pecado", de Andrés García Ibáñez.

2 comentarios:

Maria dijo...

Hola, me llamo María. No entiendo mucho de esto pero mira me lo paso bien leyendo lo que escribes. No se si te servirá para lo que quieres y lo dudo mucho sinceramente, pero yo te agradezco que lo pongas aqui por el buen rato que paso. Desde luego si dependiera de mi al padre Miguel le llamaria don Joaquin, o dojuaquinito como le llamabamos en el colegio de B.C. que es igual que el padre Miguel aunque un poco mas digamos "putero".
Tambien me gusta mucho la Kopi. y el Albino. Te dire mas cosas si me sacas este comentario. Suerte.

Abbe Nozal dijo...

Hola, Maria. Me alegra saber que disfrutas con la lectura del perfil de estos personajes. Espero que los futuros espectadores disfruten también con la historia.
Te agradezco el nombre de "dojuaquinito" como alternativa al de "Padre Miguel". Ya veremos. Con el personaje del Padre Miguel quiero estar en el filo de la navaja y no desvelar sino progresivamente su radical condición perversa. Por lo demás, una condición común a los componentes del parque temático del pleistoceno que conocemos como “Conferencia Episcopal” y demás clero católico. Que son, en palabras de Andrés García Ibáñez que hago mías, de cinco clases distintas, a saber:
• obispopotamos
• parroquidermos
• sotanosaurios
• papanodontes
• pulpitorrincos
A los que supongo, respectivamente: glotones, ludópatas, masturbatorios, soberbios y fornicadores.
Estas suculentas aportaciones, tanto la de Andrés García Ibáñez como la tuya, no dudes que harán más rica la caracterización del personaje y, por tanto, más cuajada la historia. Gracias de nuevo.